MONÒLOGO LA NEGRA HIPÒLITA

Institución: Escuela Bolivariana “San pablo”

Municipio: Juan Manuel Cagigal.

Renglón: Teatro Folklórico

Autor: Docelys Delgado

 

Monólogo

El Amor  Verdadero.

 

 

Personaje:

   La Negra Hipólita

 

Parlamento.

(Sentada en una mecedora, sola y triste; recordando)

 

         ¡Oh!  Mi Venezuela, con sus playas virginales, un paisaje paradisíaco, aves multicolores, con nuestros hermanos aborígenes.            

         ¡Que calmado estaba todo...!

         Hasta que llegaron los españoles. ¡Ellos esclavizaron a nuestros indígenas! Sometiéndolos a malos tratos, adueñándose de sus bienes, de su naturaleza  ¡de todo!

 

         Pero lucharon, resistiéndose a tanto dolor y sufrimiento, con el propósito de ser libres ¡libres!

 

         Me imagino… lo aguerrido que fue el Indio Guaicaipuro… ¡así o fue mi niño Bolívar! Que iba pensar yo que lo tuve entre mis brazos, iba entregar su vida por darnos la libertad.

 

         Recuerdo… la casa, con ese patio grande y bello jardín, donde corría sin descanso. ¡Era tan inquieto! Y a pesar de ser el pequeño de la casa, no le importaba ir a bañarse al río y jugar con los hijos d los esclavos ¡que noble era mi muchacho! mi seño te regañaba mucho y te decía: Simón compórtate, deja de dar tantos brincos, te voy a pegar… y yo le dije:

 

¿Uté ha visto?, ¡Le va a pegá!

¿Y po que le va a pegá?

¿Po que e su mama?

Esa e rasón;

Yo también soy su mama;

Su mama somo la dó.

¡No me le pegue al niño,

Misia consesión!

Déjemelo maluco,

Déjemelo grosero,

Déjemelo lambío,

Déjemelo pegón.

 

¿Qué uté é su mama?.... Sí... la sangre é suya,
 pero... ¡la leche é mía! 

 

                   ¡Yo si defendía a mi muchacho!

 

         Muy contento se veía con su madre, quien lo llevaba a pasear a caballo por los alrededores de la hacienda ¡su rostro, era tan distinto! Lleno de felicidad; hasta que murió mi seño amo… quien lo acobijo después de la muerte de su padre ¡que broma, mi Simón…! ya con nueve añitos sintió tanto vacío y dolor en el alma. ¡Pero, aun asi! Logro educarse ¡ que maestros tan buenos tuvo! El Padre Andujar, Andrés Bello y Simón Rodríguez; quien a demás de ser su maestro, fue su amigo y consejero; lo formo para la libertad, la justicia, lo grande y lo hermoso.

         Era amante de la naturaleza, la admiraba y cuidaba. Me viene a la mente aquellos momentos en los que te sentabas bajo la mata de aquel samán, donde contemplaba las bellezas naturales y que en mas de una ocasión, fueron inspiración para pronunciar hermosas palabras, como el juramento que hizo en el Monte Sacro ante su maestro Simón Rodríguez. ¡Solo su mente y corazón podían expresar tanta emoción!

         A pesar de mucha lejanía, ya estando grandote, me llevaba  en el corazón, como su madre… Conservo ese abrazo que me dio aquel día cuando me reconoció entre tanta gente, me alegro mucho verlo hecho un hombrezote; pero en el fondo era el mismo niño al que arrullaba y le cantaba junto con Matea:

Dormite mi niño

Dormite mi luna

Sueña con la gloria

No con la fortuna.

 

Dormite mi niño

Con la tranquilidad

Soñando en las alas

De la libertad.

 

Dormí para siempre

 Mi niño Simón

Nos dejas tu vida

De libertador.